Acción de responsabilidad individual

LA ACCIÓN INDIVIDUAL: VÍA EXTRAORDINARIA PARA RECLAMAR DERECHOS ECONÓMICOS COMO DAÑO DIRECTO

 

En virtud del ordenamiento jurídico español, concretamente en el Real Decreto Legislativo 1/2010, de 2 de julio, que aprueba el texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital, se establecen diversos instrumentos legales destinados a declarar la responsabilidad de un administrador social por los daños y perjuicios causados, de manera dolosa o culposa, a la sociedad, a los socios o a terceros en el desempeño de sus funciones.

Teniendo en cuenta lo previamente descrito, las figuras procesales correspondientes a dicha pretensión son principalmente la acción social y la acción individual de responsabilidad contra el administrador de la mercantil, reguladas en los artículos 238 y 241 de la Ley de Sociedades de Capital.

En tal sentido, estas acciones procesales presentan múltiples características distintivas que las destacan entre sí, pero, en términos generales, su principal diferencia radica en la legitimación de la acción y la protección del bien jurídico. La acción social busca proteger y reintegrar el patrimonio de la sociedad afectada, mientras que la acción individual tiene como objetivo defender y recuperar el patrimonio lesionado de los socios o terceros.

Así, para determinar la esencia de la acción, se debe identificar la naturaleza del daño ocasionado, con el propósito de cumplir con los presupuestos procesales para incoar la correspondiente figura procesal. Es por ello que por regla general la acción social depende del daño directo que se produce al patrimonio social y la acción individual obedece al daño indirecto ocasionado a los socios o terceros

Bajo esta premisa, una extensa línea jurisprudencial establece que cuando el administrador social infringe derechos tales como el derecho a un dividendo justo, el derecho a una cuota de liquidación o el derecho a la separación, se considera un daño directo a la sociedad que provoca un daño indirecto al socio, por lo que la figura procesal adecuada para proteger y restaurar el patrimonio social es la acción social.

Dentro de este orden de ideas, ¿Existe la posibilidad de iniciar una acción individual por un daño directo evidente al socio perjudicado por las conductas dolosas del administrador de la mercantil? Podría argumentarse que hay razones para exceptuar la acción individual, ya que el daño directo es un requisito esencial para la aplicación del artículo 241 de la LSC. Por lo tanto, aunque se demuestre una relación de causalidad entre la conducta antijurídica y la violación de los derechos sociales, la acción legalmente establecida para indemnizar ese daño al patrimonio social es la acción social.

No obstante, no puede ignorarse que, cuando se produce una apropiación patrimonial indebida, acompañada de la paralización de la actividad de la sociedad originaria, con una liquidación societaria formal y real, se puede reclamar los derechos vulnerados a través de la acción individual. De hecho, merece una severa sanción desde la perspectiva civil, ya que entre la lesión de los intereses económicos del socio y la actuación dolosa del administrador, existe una relación directa que no se rompe por el hecho de que también se dañen los intereses de la sociedad inactiva (STS, Civil sección 1 del 12 de marzo de 2007 (ROJ: STS 1450/2007), STS, Civil sección 1 del 4 de noviembre de 2010 (ROJ: STS 7568/2010), Res. 0/0 – Num. Rec. 311/2012 – 23/09/2013).

En síntesis, en casos extraordinarios, en los que no se ha impugnado la conclusión de la sentencia recurrida sobre la existencia de daño y la sociedad ha sido liquidada a causa de las conductas antijurídicas y dolosas por parte del administrador social, la actuación deberá obtener el más severo reproche desde la perspectiva civil, teniendo en cuenta que entre la lesión de los intereses económicos del socio y la actuación de los administradores existe una relación directa que no se quiebra por el hecho de que también se dañen los intereses de la sociedad desaparecida.

 

Leidy Cruz Salazar.

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